Hablamos con Francisco Díez de Velasco

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  • La revisión bibliográfica acerca del pluralismo religioso en España evidencia que nos encontramos aún en una fase muy incipiente del desarrollo de los estudios en este ámbito. ¿Cuál es su valoración?

    Habría primero que intentar explicar porque nos encontramos en una fase incipiente. Soy historiador de formación y por eso tiendo a remontarme hacia el pasado a la hora de intentar entender nuestro presente. Y, desde luego, nos enfrentamos en este asunto en España con el peso de nuestra historia que ha determinado que no se haya dirigido la investigación en estos asuntos con la misma intensidad que en otros países, siendo quizá el ejemplo más claro Estados Unidos, donde los estudios sobre la diversidad religiosa en el país son muy numerosos y se realizan desde hace mucho tiempo. Recordemos que ya en 1893 albergaron el primer Parlamento Mundial de las Religiones y la propia construcción nacional se hizo desde el respeto a la pluralidad de religiones y confesiones presentes en aquel entonces. Con el tiempo se ha ahondado en estos asuntos, una larga historia y una visibilidad grande, social y también académica de las religiones. Por tanto, ha sido un campo de estudio hacia el que se han dirigido muchos proyectos, una financiación destacable y se han producido centenares de tesis doctorales y de monografías y miles de artículos en revistas científicas.

    En España contamos con impedimentos derivados de nuestra peculiar historia para poder compararnos, para haber ido más allá de la fase incipiente en los estudios. La diversidad religiosa no resultaba verdaderamente relevante en un país en el que la religión se ha visibilizado durante siglos y hasta hace bien poco, salvo excepciones, no desde el plural, sino desde el singular. Hay que tener en cuenta que hasta 1980 no se contaba con una verdadera ley de libertad religiosa. La diversidad religiosa, cuando se estudiaba, se enjuiciaba principalmente como un fenómeno del pasado, relacionado con el medievo caracterizado por tres culturas - tres religiones o con un mundo antiguo poblado de testimonios de divinidades ya desaparecidas.

    Probablemente 1992, año en que se realizó un destacado esfuerzo por repensar las efemérides que se entrelazaron cinco siglos antes, fue un punto de inflexión en un cierto cambio de perspectiva. El Estado firmó acuerdos de cooperación con judíos, musulmanes y evangélicos, reconociendo su presencia en España no ya solo como un recuerdo del pasado. Comenzaron a cobrar fuerza los estudios desde el campo de la ciencia jurídica que incidían más allá del catolicismo y que proyectaban hacia la pluralidad de religiones sus intereses, ya que se manifestaba una necesidad social de ofrecer respuestas a una realidad que no solo podía ampararse en declaraciones de intenciones, sino que se convertía en práctica, resultando necesario, desde luego, aplicar el derecho a la libertad religiosa en el día a día. También eran relevantes los trabajos sobre secularización en España desde el ámbito de la sociología y, por supuesto, la multitud de investigaciones que se realizaban desde diferentes ópticas sobre el mundo católico español.

    Pero el gran reto provino de la necesidad de pluralizar los enfoques, pues hay que tener en cuenta que en esos años, y creciendo de modo exponencial en los posteriores, se ha multiplicado el número en España de quienes optan por alguna de las diversas religiones que se encuentran en un mundo progresivamente más globalizado, también en lo religioso. Crecieron los lugares de culto de lo que se denominan, por ponernos de acuerdo en un nombre que empleamos sin el menor matiz despectivo, minorías religiosas. Y hay que añadir que la globalización económica y el fuerte desarrollo español conllevaron la atracción de inmigrantes que, amparados por la libertad religiosa imperante en nuestro país, pudieron seguir con sus prácticas religiosas, que resultó otro factor destacado en el aumento del número de lugares de culto. Comenzaron a desarrollarse muy numerosos estudios sobre la inmigración en España por parte de investigadores que provenían generalmente de la sociología y la antropología y empezó a aflorar el factor religioso como uno de los que era difícil no tener presente. Además hay que añadir que en un país con un volumen muy destacado de turistas, muchos de ellos provenientes de lugares con confesiones diferentes a la mayoritaria en España, se produjo el fenómeno del crecimiento de sus lugares de culto en especial para el servicio de turistas de largas estancias.

    Finalmente, lo que eran unos pocos lugares de culto y un número pequeño de personas implicadas, es en la actualidad un conjunto de miles de lugares de culto (cercano a los 5.000) y varios millones de fieles, es decir, un tema con relevancia social que ha determinado una toma de conciencia de la necesidad de estudios académicos sobre esta destacada realidad que bajen al nivel de conocer los lugares de culto y entrevistar a las personas implicadas.

  • ¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrentan los investigadores españoles que centran su actividad científica en este campo?

    Para que las investigaciones superen el umbral del limitado trabajo individual, para que se puedan poner en marcha equipos especializados que sean capaces de desarrollar un trabajo que supere el ámbito del voluntarismo personal, es necesario contar con una  financiación suficiente y una adecuada proyección en publicaciones. Este ha sido otro de los puntos débiles en nuestro país, que explica el carácter incipiente de las investigaciones en este campo. Estudiar religiones requiere perspectivas múltiples, la aplicación de estrategias de trabajos de campo disciplinares diferentes y la multidisciplinariedad o la interdisciplinariedad en este asunto, que a veces no resulta fácil que sea valorada adecuadamente a la hora de conseguir financiación para las investigaciones.

    La labor de la Fundación Pluralismo y Convivencia y del Observatorio del Pluralismo Religioso en España ha resultado especialmente dinamizadora del campo de estudio, ya que han apostado por apoyar a grupos de investigación multidisciplinares y han valorado sus resultados. Resulta evidente que el nivel de incipiencia es menor en este campo tras la publicación de los estudios sobre minorías religiosas por comunidades autónomas auspiciadas por la Fundación Pluralismo y Convivencia y por medio de las otras investigaciones y publicaciones que se han desarrollado. El reto actual, que permitiría pasar de ese nivel incipiente, y dado que el interés social y de las administraciones es cada vez más evidente, consistiría en poder consolidar equipos, y como se hace, por ejemplo en Estados Unidos, potenciar todo tipo de investigaciones, y quizá en especial las tesis doctorales, que en este campo España es especialmente deficitaria.

    El reto principal es consolidar equipos que tengan perdurabilidad, que produzcan investigaciones continuadas y cuyos esfuerzos tengan continuidad. La financiación es importante, desde luego, pero también la apuesta por la vertiente docente, es decir, que este tipo de conocimiento llegue a la universidad, cobre visibilidad académica e incluso alcance otros niveles educativos. No hay mejor modo de enseñar religiones en la escuela que hacerlo desde el conocimiento de la diversidad religiosa presente en el entorno. Desde luego un gran reto para los investigadores en este campo es hacer valer sus conocimientos también en la palestra de lo local, ya que hay que tener en cuenta que se trata de temas que interesan a mucha gente si se presentan de modo atractivo.

  • ¿Cómo se podría afrontar una participación relevante en el Espacio Europeo de Investigación?

    Pienso que la meta sería llegar a un nivel de interlocución fluido con el resto de equipos de otros países europeos. No resultaría tan complicado, gracias a la base con la que contamos, los trabajos antes citados promovidos desde Pluralismo y Convivencia y el peso de la investigación en los campos jurídicos, antropológicos, históricos y sociológicos en nuestro país. El mayor handicap ahora mismo es el idioma. El español no es lengua de referencia en el estudio de las religiones salvo en los estudios locales o específicos (por ejemplo sobre santería o candomblé, donde el español o el portugués son básicos). El inglés es la lengua de trabajo en el estudio de las religiones a escala europea y también internacional. Los estudios en español no son leídos de modo general, sino solo por una minoría que conoce la lengua o la puede entender. Una participación relevante en el espacio europeo de investigación requiere un esfuerzo para publicar las investigaciones también en inglés, como por otra parte hacen de modo habitual desde hace años los grupos de investigación nórdicos, de los países del Este de Europa y hasta los alemanes.

    Desde luego en lo relativo al volumen de estudios, la investigación española no está tan lejos de los estándares europeos, hay que tener en cuenta que el estudio de las religiones a escala local, desde los presupuestos de visibilizar la pluralidad religiosa, no tiene tanta potencia en Europa como en Estados Unidos, la apertura a la diferencia en los ámbitos locales es relativamente reciente. En el pasado era común estudiar, por ejemplo, el hinduismo, el islam o el budismo, pero fuera de Europa, el paso a estudiarlos en Europa, y a otorgar el mismo prestigio a esos estudios más locales, es relativamente reciente. El fenómeno de la globalización religiosa del que se ha hablado antes también ha incidido en este asunto en general en Europa.

  • Destacaba antes la importancia de la apuesta porque este tipo de conocimiento llegue a la universidad. Sin embargo, resulta llamativa la escasa oferta formativa existente en relación a esta materia -incluida la de Tercer Ciclo. ¿A qué se debe?

    Es escasa la oferta en todos los niveles formativos y, desde luego, es uno de los mayores problemas a los que nos enfrentamos en España en este tema. La razón es la misma que hemos visto antes, los programas universitarios han incluido de modo muy asistemático la formación en el estudio plural y de la pluralidad de las religiones porque tal pluralidad no se consideraba relevante cuando se conformaron las estructuras por las que se rige la universidad y la investigación españolas y las áreas de conocimiento en los años 70 del siglo pasado. No se reconoce, como resulta común en Europa o Estados Unidos, el estudio integral de la religión y las religiones como un campo científico autónomo. No hay, por tanto, un grado universitario en esta temática, y si bien hay numerosos especialistas, están diseminados por muy diversos centros de investigación y universidades, de modo bastante descoordinado. Se potencia la labor individual, pero en detrimento de los programas coherentes.

    Solo hay en la actualidad tres programas de máster homologados en este campo, impartidos en Barcelona, Madrid y Sevilla. No resulta fácil superar esta precariedad desde el momento que las universidades españolas resultan muy monolíticas en su funcionamiento y es muy difícil que exista una auténtica movilidad de docentes entre ellas. En otros países donde la movilidad del profesorado entre universidades es lo normal, desarrollar este tipo de programas resulta mucho más sencillo, así como organizar departamentos o institutos formados por especialistas. En España para hacer algo así en una universidad hay que contar con los profesores ya en plantilla en esa universidad, una limitación que resta operatividad especialmente en campos multidisciplinares como este.

  • En ocasiones se suele plantear que las investigaciones académicas están lejos de los intereses de la sociedad. ¿Qué piensa de la incidencia que puede tener en este campo lo académico a escala social, por ejemplo, en el diseño de políticas públicas de gestión de la diversidad religiosa?

    Los tiempos del trabajo académico son en ocasiones más largos que los que rigen la palestra de lo social, es cierto, y puede parecer que muchas investigaciones versan sobre temas con poca incidencia o incluso que resultan irrelevantes para la gran mayoría. Y suele ocurrir que a la larga se evidencia la utilidad de lo que parecía irrelevante. Quizá justamente en lo que tiene que ver con las investigaciones sobre la diversidad religiosa, esta mirada más al largo plazo de los académicos haya servido para ofrecer rápidamente a la sociedad un conocimiento que necesitaba. El impacto de la inmigración hizo muy visible a escala general que la diferencia religiosa era un factor a tener en cuenta, sobre el que se necesitaba información fiable y equilibrada. Las investigaciones sobre las transformaciones religiosas en el mundo moderno que se habían emprendido desde hacía tiempo, y que en su  momento no interesaban quizá más allá de círculos muy determinados, fueron la base para poder emprender estudios en nuestro país que ofreciesen una aproximación en la que los juicios de valor apresurados, tan comunes, se minimizasen, y por tanto que la aproximación a la diversidad religiosa se enjuiciase no como una aberración, sino como un fenómeno comparable con lo que ocurría en el entorno en el que nos movemos, la Unión Europea y en general los países caracterizados por la defensa del derecho a la libertad religiosa.

    Por otra parte, en nuestro país otro problema ha sido el que los ámbitos públicos estaban en ocasiones mal preparados para gestionar la diversidad religiosa, tendiendo o directamente a hacer desaparecer lo religioso de lo público, a no tratarlo y no verlo, o a solo ver un aspecto, haciendo las cosas al modo "tradicional", es decir desde una mirada centrada en la singularidad, no la pluralidad en lo religioso que caracteriza a la España actual. En este tema, por ejemplo, los estudios emprendidos por la Fundación Pluralismo y Convivencia han permitido por una parte visibilizar y evidenciar la riqueza del peso de las minorías religiosas en la escala de cada Comunidad Autónoma, es decir, ofrecer conocimiento contrastado de una realidad que no se puede escamotear. Por otra parte, han propiciado elementos variados en forma de estudios, guías y ejemplos de buenas prácticas para que la gestión de la diversidad religiosa sea más fácil de llevar a cabo por parte de las administraciones. La utilidad social de este esfuerzo de investigación es innegable y además fortalece en los investigadores en estos campos el convencimiento de que lo que hacemos cumple un servicio contrastable a la colectividad. Un vistazo a la página web del Observatorio del Pluralismo Religioso en España permite evidenciar cómo el conocimiento que se produce desde los ámbitos académicos puede, adecuadamente puesto en valor gracias a este tipo de recursos y plataformas, servir al bien común. Esta interconexión entre la producción de investigación académica y las necesidades de las administraciones es común en los países de nuestro entorno y quizá en lo relativo a las religiones, donde los preconceptos y las arbitrariedades pueden ser grandes, resulta más deseable e interesante. La conexión entre investigación y sociedad en este campo nos acerca a nuestros vecinos europeos y nos hace mejores como colectividad.

  • Buena parte de los trabajos existentes sobre confesiones religiosas minoritarias en España han sido realizados por miembros de las propias confesiones. ¿Cómo encaja la especificidad de estos trabajos en el desarrollo de los estudios sobre pluralismo religioso como campo de investigación?

    En efecto, bastantes investigaciones, especialmente notables en el campo del cristianismo evangélico, y a falta de equipos académicos de especialistas que las emprendiesen, se han llevado a cabo por parte de miembros de los grupos religiosos. Muchas veces de ellas se han realizado con un grado admirable de voluntarismo y tesón y en ocasiones también con un deseo de que no caiga en el olvido un pasado que puede perderse en los laberintos de la memoria (o desmemoria) colectiva. Sin duda los miembros de los grupos religiosos son quienes mejor conocen la realidad de su propia confesión, manejan datos de primera mano y viven el campo de estudio desde dentro con las ventajas e inconvenientes derivados. Son desde luego un elemento fundamental en tanto que fuente documental para los estudios sobre pluralismo religioso y cuando se dispone de este tipo de trabajos las investigaciones resultan más ricas y contrastadas. Pero también plantean problemas. Estos trabajos en algunos casos, por la falta de distancia respecto del tema del que tratan, por una excesiva cercanía tienden a potenciar una perspectiva algo monolítica, demasiado implicada. A veces es muy fuerte la pulsión en estas obras por ofrecer un testimonio personal, por tomar partido de un modo que puede resultar algo distorsionador.

    Las investigaciones con equipos multidisciplinares liman en gran medida estos problemas que son, por otra parte, habituales cuando quienes llevan a cabo las investigaciones carecen de una formación contrastada en metodología y técnicas de investigación que son particularmente necesarias en este campo y una de las primeras lecciones metodológicas es justamente saber tomar conciencia de las propias circunstancias, de las propias creencias en tanto que elementos distorsionadores, lo que se denomina técnicamente el religiocentrismo. En cambio, cuando quienes escriben tienen la cualificación adecuada y aplican una metodología homologable, el hecho de pertenecer a una confesión determinada no resulta un handicap. Resulta evidente que la clave es por tanto la cualificación y la formación que posea quien investiga. De nuevo vuelve a evidenciarse la importancia de la formación en estos campos.

  • Acaba de concluir una investigación impulsada desde la Fundación Pluralismo y Convivencia acerca del budismo en España que verá la luz en breve publicada por la Editorial AKAL. ¿Podría definirnos a grandes rasgos el nivel de implantación actual del budismo en España y el interés de esta investigación?

    El budismo resulta particularmente interesante porque es la primera confesión que no se relaciona con el tronco abrahámico a la que se ha reconocido el notorio arraigo en nuestro país. Hay en torno a 80.000 budistas en España y más de 300 centros de culto, desde enormes monasterios a pequeños locales de meditación. Es un excelente ejemplo de que en nuestro mundo globalizado las fronteras entre continentes y culturas han perdido parte de su sentido en lo que respecta a las religiones. Una religión de Asia, como es el budismo, se encuentra entre nosotros y no la siguen extranjeros, que la traigan de sus países de origen a la par que emigran y se instalan en España, sino que la han adoptado españoles, que son la casi totalidad de los budistas que hay en nuestro país. En el auge de los procesos de cambio religioso que caracterizan a las sociedades europeas y también a la española, si bien el factor inmigración es destacable y ha sido clave para la promoción de investigaciones y del interés social respecto de estos temas, no resulta desde luego el único, y más allá de que los procesos migratorios puedan ralentizarse, el estudio de la pluralidad religiosa no dejará de resultar necesario, este es uno de los resultados que se podrían extraer del estudio del budismo en España.

  • ¿Cuáles son sus próximos proyectos en el estudio de la diversidad religiosa en España?

    Desde enero el equipo de investigación en el que trabajo estamos emprendiendo un estudio sobre las iglesias ortodoxas en España. Está también en la misma línea que el estudio sobre los budistas, que busca ofrecer estudios monográficos sobre las confesiones a las que se ha reconocido el notorio arraigo en nuestro país. Resulta un trabajo fascinante en el que el peso del factor inmigración es muy destacado, pero en el que la labor de visibilizar la diversidad religiosa resulta particularmente grato. Visitar los centros de culto ortodoxos en nuestro país, como por ejemplo la catedral ortodoxa en el barrio de Chamartín en Madrid o la iglesia rusa de Altea, en la provincia de Alicante, con sus iconos multicolores y la belleza de una decoración que todo lo llena es una inmersión en la experiencia de la pluralidad religiosa que evidencia el peso que está cobrando entre nosotros este nuevo patrimonio artístico-religioso.