Hablamos con Óscar Salguero Montaño

  • Acaba de publicarse “Encuentros. Diversidad religiosa en Ceuta y en Melilla” del que eres autor junto a Rafael Briones y Sol Tarrés, el mismo equipo que había ya trabajado en “¿Y tú de quién eres? Minorías religiosas en Andalucía”. Háblanos un poco de la investigación en la que se basa el libro.

    Efectivamente, el equipo dirigido por Rafael Briones ya contaba con la experiencia investigadora en el extenso y heterogéneo territorio andaluz; si bien en esta nueva propuesta fuimos solo 3 personas (Rafael Briones, Sol Tarrés y yo), pues el área de estudio era notablemente más reducido. El trabajo de campo se desarrolló entre los años 2009 y 2010, con estancias temporales intercaladas en una y otra ciudad, durante el mismo hemos cubierto con visitas y entrevistas la práctica totalidad de los lugares de culto no católicos de una y otra ciudad, incluyendo otros espacios no cultuales, como los destinados a la formación, (escuelas coránicas musulmanas o kolel hebreos), al enterramiento, al asociacionismo, mujeres, juventud, etc. La intensidad del trabajo de campo fue tal que hubo veces que las jornadas de trabajo se alargaban a la práctica totalidad del día, y en ocasiones, también de la noche.

    La cuestión religiosa, en toda su amplitud, estaba tan presente que el trabajo no se reducía a las entrevistas, visitas y demás; sino que conforme iba avanzando la investigación, nos topábamos con nuestro eje de estudio en casi cualquiera de los contextos y situaciones en las que nos encontrábamos.

    Este hecho desbordó los planteamientos con los que habíamos afrontado otros estudios similares como el citado de Andalucía. Por ejemplo, en este caso nos pareció necesario estudiar el conjunto de grupos que componen el campo religioso, sin excluir el catolicismo, que aunque también es predominante en estas dos ciudades, sin embargo, no es el único extendido como la gran mayoría; a su vez, precisábamos relativizar otro de nuestros presupuestos habituales empleados en la península y referido a la casi invisibilidad actual de los grupos religiosos no católicos: en Ceuta y en Melilla, por su parte, la realidad que hemos detectado es muy diferente. En estos casos la diversidad cultural y religiosa visibilizada nos hacía sentirnos en un paisaje completamente distinto al habitual.

  • El caso de Ceuta y Melilla es distinto respecto al del resto del territorio español. ¿En qué consiste esa especificidad?

    La especificidad recae en distintos ámbitos, aunque todos interrelacionados. En primer lugar, se trata de una cuestión cuantitativa, es decir, al contrario de lo que ocurre en el resto del Estado español, no podemos hablar de minorías religiosas, sino de diversidad, no al menos en el caso de confesiones como el islam. Además se trata de una cuestión cualitativa, pues el hecho religioso está tan presente en el día a día político y social de sendas ciudades autónomas, que algunas comunidades religiosas no católicas pueden considerase como auténticos actores sociales y actúan como interlocutores públicos en repetidas ocasiones.

    Si solemos partir en nuestras investigaciones de la concepción de que el hecho religioso está presente en múltiples ámbitos de nuestras sociedades, en los casos de Melilla y Ceuta, ello aún se hace más que patente. «Se ve» en sus calles y plazas, en las escuelas y en los centros de salud, en la vida política y administrativa, en los medios de comunicación... hasta en la forma de entender el ocio.

    Igualmente podríamos incluir otros factores que contribuyen a la especificidad a los que también hemos prestado atención en mayor o menor medida, como por ejemplo, la cuestión insular, pues la «separación» física pero también simbólica de ambas ciudades norteafricanas de la península es indudable que también incide en la conformación de este fenómeno; así como otros factores relacionados con cuestiones históricas y geopolíticas, en tanto ciudades fronterizas e históricamente asentamientos militares.

  • Aunque tendemos a hablar de Ceuta y Melilla, casi como un conjunto, las dos ciudades autónomas son muy distintas. ¿Qué diferencias se observan entre las dos en el ámbito religioso? ¿Nos haces un dibujo de la diversidad religiosa en las dos ciudades?

    De hecho, pronto nos dimos cuenta de un auténtico sesgo etnocéntrico, en virtud del cual Ceuta y Melilla son dos ciudades a las que siempre se les nombra juntas y que afortunadamente corregimos muy tempranamente: en lugar de estructurar nuestro trabajo por confesiones religiosas, siguiendo anteriores modelos, en esta ocasión debíamos dividir la publicación resultante, así como el propio diseño y desarrollo de la investigación, en dos partes diferenciadas, conectadas entre sí, pero tratados en bloques distintos. Es cierto que existen componentes comunes en ambas ciudades, sin embargo, la fisonomía propia de cada ciudad es diferente porque esos elementos comunes en sí mismos se concretan en cada ciudad de forma distinta, y, sobre todo, en el conjunto de relaciones sociales producen dinámicas y conjuntos idiosincrásicos particulares y distintos.

    A grandes rasgos, ambas ciudades acogen a prácticamente la misma diversidad religiosa, conformada mayoritariamente por católicos y musulmanes (con más de 50 entidades registradas en Ceuta y alrededor de 25 comunidades en Melilla), con un número significativo de comunidades evangélicas, surgidas muchas parejas a obras sociales y misionales en esta zona fronteriza (como la Casa Bautista de la Hospitalidad ‘Guest House’ o la Christian Church en Ceuta) junto a otras de implantación histórica (caso de la Iglesia de Cristo o la Iglesia Evangélica Bautista en Melilla).

    Aunque numéricamente más reducidas, es notablemente visible la participación en el campo religioso de sendas ciudades de dos confesiones más: la hebrea y la hindú, ambas de gran tradición histórica vinculada a los flujos comerciales asentados en una y otra orilla del Mediterráneo. La población judía ceutí, por ejemplo, conoció durante la década de los 70 del siglo XX un incremento gracias a la emigración procedente, sobre todo, de Marruecos, lo que contribuirá a la inauguración de su sinagoga en 1971.

    No podríamos cerrar la lista sin mencionar a otra confesión que, al igual que en la península, goza de cierta representatividad, hablamos de los testigos cristianos de Jehová, con respectivos salones del reino en Ceuta y en Melilla.

    Otro grupo de menor resonancia, aunque no por ello de implantación novedosa, es el de la Fe Baha’i, que cuenta también en las dos ciudades con pequeños núcleos de fieles y cuya vinculación a las mismas arranca en los desplazamientos migratorios del actual país vecino a tierras de soberanía española.

  • La comunidad hindú tiene un importante peso histórico, ¿nos relatas un poco esa historia?

    Hablar de hinduismo en las ciudades autónomas es hablar, fundamentalmente, de la religión mayoritaria del colectivo étnico indio, procedente originalmente de India, y más concretamente de la región del Sindh. Desde finales del siglo XIX se constata el asentamiento de hindúes en Melilla y también en Ceuta que mantenía lazos comerciales con Gibraltar. Así por ejemplo, el primer permiso de apertura de un bazar con objetos de India en Ceuta se concede en 1900; pero no será hasta el inicio del Protectorado español y especialmente tras la independencia en 1947 de la administración colonial británica de la India, y la formación del Estado independiente de Pakistán, con un gobierno islámico, cuando se experimente un auténtico auge de la población hindú residente.

    Paralelamente, se gestan las primeras asociaciones a comienzos de los años 70, como espacios de reunión y socialización, y también de oración: son los casos del germen de la actual entidad religiosa denominada Comunidad Hindú de Melilla y también de la Asociación Hindú de Ceuta en 1948, cuyo carácter mercantil se debía a que habría que esperar a 1964 para que se reconocieran legalmente las asociaciones ciudadanas en España. Unas primeras reuniones que contaban en ocasiones con la vigilancia de los cuerpos de seguridad del régimen franquista. 50 años después, en 1998, se convirtieron en asociación cultural y es entonces cuando el proyecto de la construcción de un crematorio hindú comienza a ser reivindicado, el cual no se inauguraría hasta el 2006.

    En el caso melillense, los frutos de la entonces incipiente población sindh fue, por ejemplo, el templo hindú de Melilla inaugurado en 1978, con una población hindú estimada de más de 300 personas residentes en la misma, cifras que, sin embargo, han mermado notablemente en la actualidad por razones como la caída de Melilla como uno de los centros neurálgicos del comercio. El templo ceutí, por su parte, cuenta con una trayectoria menor, siendo inaugurado en octubre de 2007, contando con la presencia de las autoridades políticas, culturales y de las distintas comunidades religiosas de la ciudad, síntoma de la significancia de este colectivo en la vida pública urbana.

    La citada Comunidad Hindú de Melilla y la Comunidad Hindú de Ceuta, conforman el conjunto de comunidades religiosas hindúes de las ciudades, encargadas de la gestión de sus templos y de sus espacios funerarios. Una mención especial merecería la Asociación Cultural Dharma Yoga de Ceuta, fundada en 2004 como centro de yoga bajo la dirección de J.C. Ramchandani, ceutí, hijo de un matrimonio mixto y ordenado como sacerdote desde 1999.

    Con todo, en la actualidad no todas las personas procedentes de India, ni todos sus descendientes profesan necesariamente la religión hindú, ya que desde la década de los 70 del siglo XX, y ligado a la creación de familias mixtas, hay miembros de este colectivo que profesan otras religiones. A pesar de ello, forman parte de las imágenes de diversidad y pluralismo proyectadas de una y otra ciudad, tal y como lo atestiguan sus respectivos templos, los cuales forman parte de los recorridos turísticos habituales.

  • ¿Cuál es la incidencia de las confesiones religiosas en la vida política y administrativa local y autonómica?

    Pues la incidencia es total, me remito a lo expuesto en la primera pregunta, cuando comentaba cómo en una fase muy temprana de la investigación nos vimos obligados hablar de diversidad religiosa y no de minorías religiosas. Aunque el catolicismo es indudablemente el referente principal en el campo religioso, esta hegemonía se comparte con el islam —religión que profesa un porcentaje muy relevante de sus poblaciones— además, el judaísmo y el hinduismo también tienen una presencia enraizada en la historia de las dos ciudades.

    Si en alguna ocasión hemos defendido que algunas minorías religiosas son ahora parte constituyente de la sociedad española, esta idea potencia en el caso de las ciudades autónomas. Por un lado, buena parte de las comunidades locales han optado en los últimos años por dotarse de personalidad jurídica y visibilizarse a través de su inscripción en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia; además del papel como interlocutor público que algunas entidades, a modo de federaciones formales o no formales de comunidades religiosas, han ido adquiriendo, como por ejemplo la Comisión Islámica de Melilla.

    Los respectivos espacios públicos de Ceuta y Melilla, ámbito que hemos tratado de cubrir detalladamente durante el trabajo de campo, por su parte, acogen a cada vez más grupos que cambian sus antiguos locales de culto por otros en general más amplios que se adecuan mejor a las nuevas necesidades de la comunidad y que visibilizan también en el entorno su existencia y actividad. Puede afirmarse que se está generando una re-significación del espacio público religioso, y Melilla y Ceuta son muestras evidentes. Por último, no podemos olvidar el papel de las propias personas que de modo individual o más generalmente agrupados en colectivos pertenecientes a estas confesiones, demandan ejercitar los derechos que las leyes les reconocen en su ejercicio de la libertad religiosa y de culto como ciudadanas de pleno derecho.

    A título de ejemplo, creo que la trascendencia de las movilizaciones sociales contra la entrada en vigor de la primera Ley de extranjería de 1986, tanto para la población musulmana, como para el resto de los habitantes de una y otra ciudad, es uno de los primeros y principales hitos en la narración de la historia de este proceso de empoderamiento civil y político del heterogéneo colectivo musulmán en Melilla y Ceuta hacia la plena ciudadanía.

  • Las dos ciudades son pioneras en la gestión de la diversidad religiosa justamente por la convivencia histórica entre diferentes religiones. ¿En qué consiste?

    Para comprender las dimensiones de qué supone gestionar el hecho religioso en cada una de estas ciudades, es preciso partir de lo expuesto anteriormente: la presencia histórica comentada ha traído consigo, entre otras consecuencias, que tanto Ceuta como Melilla hayan tenido que establecer procesos de gestión de su diversidad mucho antes que las administraciones de otras regiones. Es decir, la gestión de lo religioso por parte de las administraciones de Ceuta y Melilla tiene mucho que aportar a las demás regiones del Estado. Es el caso del trabajo conjunto entre el Gobierno local y las comunidades religiosas a la hora dar respuesta, por ejemplo, a los incidentes que se visibilizan en los medios de comunicación y que pueden llegar a generar tensiones innecesarias; a la cuestión de la presencia de los representantes de confesiones y de la administración en los actos públicos oficiales que organizan unas y otra; a las propuestas formativas relacionadas con la convivencia de cuatro idiomas diferentes; o a las políticas de visibilización de los edificios religiosos a través de la señalización pública.

    En este último punto, podemos hacer mención, por ejemplo, a la "Ruta de los Templos" en Melilla, que desde hace algunos años ha venido desarrollando el Patronato de Turismo y Transporte en colaboración con algunas entidades religiosas de las confesiones católica, musulmana, judía e hindú, en virtud de la cual se busca explicitar la especificidad y particularidades de la urbe, regenerando en este caso la imagen de algunos lugares de culto emblemáticos. Del mismo modo, el gobierno de la Ciudad Autónoma de Ceuta, por medio de convenios específicos con las distintas comunidades religiosas, también sufraga los gastos (totales o parciales) de restauración y construcción de templos de las distintas confesiones, como por ejemplo fue el caso del templo hindú o las obras del acondicionamiento del cementerio judío tras los destrozos sufridos por las lluvias torrenciales de 2009.