VEGA GUTIÉRREZ, Ana María (coord.) (2014): La gestión de la diversidad religiosa en el sistema educativo español, Navarra, Thomson Reuters Aranzadi Imprimir

"Soy consciente, (¿quién no?) que las palabras religión y escuelas públicas no van juntas". Alguien podría pensar que esta afirmación es adecuada para hablar de las cuestiones derivadas de la diversidad religiosa en el sistema educativo español. Sin embargo, no soy yo quien la pronuncia: es una frase que podemos leer en la obra de Niel Postman Fin de la educación (2000: p. 155), refiriéndose al caso Norteamericano. Curiosamente, a pesar de las enormes diferencias entre los Estados Unidos y nuestro país (tanto en materia religiosa como educativa), la frase tiene una cierta verosimilitud si nos limitamos a escuchar y leer lo que comúnmente se expresa al hablar de religión y escuelas, ya sean públicas o concertadas.

Si he querido reproducir la afirmación de Postman para iniciar la reseña del libro La gestión de la diversidad religiosa en el sistema español, que ha coordinado Ana María Vega Gutiérrez, es porque me ayuda a ordenar los contenidos del trabajo que reseño. En primer lugar habría que decir que, de la frase citada, no se desprende necesariamente que las escuelas hayan de ignorar totalmente la religión. ¡Al contrario! Según el mismo Postman la razón parece obvia: mucha de la pintura, música, arquitectura, literatura y ciencia de la cultura están entrelazadas con la religión. Por lo tanto, ¿cómo se puede educar obviando el papel que juega la religión en la formación de la cultura? Otra explicación es que las grandes religiones, en definitiva, son las historias de la manera en que diferentes personas de diferentes épocas han intentado alcanzar un sentido de trascendencia, reflexionando sobre cuestiones como, por ejemplo, ¿por qué estamos aquí? o ¿qué se espera de nosotros? Parecería imposible, por tanto, la intención de reflexionar en torno a estas preguntas ignorando las respuestas que nos da la religión (o, si se prefiere, las religiones). El último argumento para no ignorar la religión en las escuelas públicas y concertadas es que, mediante su estudio, el alumnado puede conocer, primero, las diversas maneras como a lo largo de la historia las personas se han explicado a ellas mismas y, segundo, la sorprendente unidad de estas explicaciones.

El trabajo que comento constituye la aportación española a un proyecto tan necesario como ambicioso: “Los vínculos entre la educación intercultural y la diversidad religiosa en los sistemas educativos del Mediterráneo Occidental: España, Italia, Argelia y Marruecos”. Países cercanos geográficamente, si bien distantes en aspectos como el económico, el político y, claro está, el religioso. Resulta extremadamente significativo, ¡y acertado!, que el estudio se centre en el primer ciclo de la educación secundaria: jóvenes de 12 a 15 años, futuros ciudadanos de una sociedad en la que la diversidad no será la excepción sino la norma. Y es importante tener presente este aspecto porque el trabajo permite, en su análisis cualitativo, escuchar esas voces de jóvenes alumnos, con sus preocupaciones y percepciones. Coincidiendo (p. 316 y ss.) en mayor o menor medida que la diversidad debe ser tratada con normalidad, naturalidad y sabiendo que existen otras manera de pensar respecto a la propia. La diversidad aporta conocimientos, acceso a distintas sensibilidades y situaciones, lo que puede facilitar después saber cómo afrontarlas.

A mi modo de ver, el texto puede dividirse en tres grandes apartados. En primer lugar las referencias a los antecedentes que relatan un recorrido que nace de las confusiones terminológicas y variadas interpretaciones legislativas (como son el concepto de “equiparabilidad” y la opción confesional “segregadora” en un estado aconfesional), y apuesta por construir un modelo de atención a la diversidad en el ámbito social, cultural y religioso. En segundo lugar, destaca la aproximación y resultados de la investigación: la metodología del trabajo está justificada y es muy valioso para futuras investigaciones (a) el marco jurídico constitucional, y b) las referencias legislativas en materia curricular en el sistema educativo español. Sólo con este estudio exhaustivo previo, la aproximación a la diversidad religiosa en los libros de texto y materiales didácticos es posible. Por último, la obra tiene además otra virtud, pues consigue complementar estudios cuantitativos y cualitativos, para ofrecer una interpretación fiel y coherente de la situación que se analiza.

Centrándome en el primer aspecto sobre la presentación del fenómeno religioso en los materiales escolares, es importante constatar que el libro de texto sigue siendo un elemento clave de la cultura escolar: homogeneizador, cuando es considerados (de manera expresa o latente) como indispensable e insustituible. El análisis de sus textos y, sin duda, de sus imágenes tiene una doble lectura: la que, por una parte, aporta una descripción normalizada y tipificada de los contenidos manifiestos de la comunicación; y la que, por otra parte, permite inferir significados latentes u ocultos que pasan desapercibidos en el análisis de contenido clásico, ya sean elementos verbales (tema, gramática, género, estilo léxico, etc.) o iconos. Caben aquí dos aclaraciones a fin de valorar los resultados del estudio. Por un lado, los libros que se han examinado corresponden a los cursos académicos 2008/2009 y 2010/2011; por otro, el análisis que se lleva a cabo se centra principalmente en los manuales escolares de 1º a 3º de la ESO de Historia, Religión católica y Educación para la ciudadanía (se ha incluido el estudio de esta materia en 4º de ESO, según determine cada Comunidad Autónoma). Resulta por otro lado extremadamente revelador (y fiel reflejo de la situación que se vive en el contexto español de pseudomonopolio de la religión católica), que si bien es cierto que en la asignatura de Religión católica también se ha hecho un estudio exhaustivo de las guías del profesor, los materiales aportados por las religiones minoritarias (islámica, judía y evangélica) apenas han podido ser objeto de análisis por tratarse de materiales no editados e incompletos.

Asimismo, en las conclusiones del capítulo IV dedicado a “La diversidad religiosa y cultura en el currículo escolar y en los materiales didácticos”, se destaca con sorpresa que sea escasa la atención prestada al judaísmo (todo y las aportaciones a la historia y cultura de España), puesto que se constata una ausencia de la descripción de sus creencias religiosas, normas morales y cultos (hecho que destaca más si cabe con el hecho de que las referencias al judaísmo se centren en la expulsión y el Holocausto). Como era de esperar, de igual modo es reveladora la ausencia de referencias a las aportaciones culturales musulmanas, sorprendente si recordamos que Al-Ándalus fue la puerta que posibilitó ampliar el conocimiento en medicina, álgebra, alquimia... en el pensamiento clásico europeo. De igual modo, aunque cabe suponer que por causas diferentes, los autores han podido constatar las escasas referencias a las creencias teístas o ateas (que si aparecen lo hacen en los manuales de Educación para la ciudadanía).

Cabe destacar, en las últimas páginas de la obra, el apartado dedicado a “Propuestas” y orientado a los poderes públicos que son quienes, en última instancia, podrían garantizar (en los centros de educación pública) la educación religiosa de las confesiones que tengan un Acuerdo con el Estado, con las mismas condiciones que las de la religión católica. El afán no es en absoluto el del proselitismo sino, más bien, evitar representar como sinónimos el agnosticismo con el analfabetismo religioso.

Finalmente, para acabar esta reseña, una pregunta que se percibe en todos los capítulos del libro: ¿Si la diversidad religiosa no es asumida, puede ser gestionada? Es una cuestión que delata carencias y prejuicios en el modo de concebir e implementar la educación intercultural y la enseñanza de las religiones, en plural, en nuestro país. De esta realidad constatada y contrastada, en el trabajo se derivan unas consecuencias que cabe mencionar (p.350 y ss): no existe todavía una redefinición completa del rol cultural y moral del catolicismo en España. Como contrapartida, se alza un “laicismo social o intervencionista” que excluye la religión y tiende a anular la distinción entre poder y moralidad. En su versión más extrema, este laicismo se convierte en una ideología excluyente porque concibe lo público como un ámbito del que queda apartada toda manifestación religiosa, en un intento por secularizar o “neutralizar” el espacio público. Al final, parecería que nos abocamos a un “laicismo escolar” que otorga la responsabilidad de la educación exclusivamente al Estado, ignorando no sólo a las familias sino también a la sociedad. Sociedad en la que, cabe recordar, las religiones juegan un papel decisivo.