Reflexiones en torno a ciudadanía e islam en el sur de Europa

Por Ana I. Planet Contreras y Salvatore Madonia

Los jóvenes musulmanes que viven en los países europeos son objeto de atención mediática y política con más frecuencia de lo que cabría esperarse y retratados, como dicen, de un modo “que no nos representa”. Considerados segundas o terceras generaciones de la migración que protagonizaron sus padres o abuelos, los jóvenes musulmanes son interrogados también por su condición de musulmanes, especialmente cuando el terrorismo internacional en nombre del islam aparece en escena.

"Diversidad", de Mónica Santos. Fotografía presentada al I Concurso de Fotografía FPyC.
15 de Enero de 2021

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Desde hace unos años, se han incorporado a las aulas de la universidad en la que enseñamos jóvenes estudiantes que se interesan de modo creciente por la presencia del islam en la sociedad española. En muchas ocasiones les mueve el propio origen de sus familias. En otros, el haber convivido en las aulas de los institutos y colegios con compañeros musulmanes. Y en todo caso, reaccionando con interés y curiosidad ante esa diversidad que hace ya varias décadas ha dejado de ser solo una diversidad de papel.

Y es que los jóvenes musulmanes que viven en los países europeos son objeto de atención mediática y política con más frecuencia de lo que cabría esperarse y retratados, como dicen, de un modo “que no nos representa”. Considerados segundas o terceras generaciones de la migración que protagonizaron sus padres o abuelos, los jóvenes musulmanes son interrogados también por su condición de musulmanes, especialmente cuando el terrorismo internacional en nombre del islam aparece en escena.

Sin embargo, una mirada más atenta permite observar acciones de ciudadanía individual y colectiva protagonizadas por estos jóvenes y ver que tanto las propuestas de participación política como el activismo sociocultural que muestran son desarrolladas en el seno de la sociedad de la que forman parte y no al margen de ella. Pero para conocer estas dinámicas es preciso salir de los escenarios habituales de observación como son los espacios de culto y desarrollar la investigación en los espacios compartidos de ciudadanía. Solo así parece posible dar cuenta de la complejidad de lo que sucede y avanzar en los debates. Por otra parte, la comparación entre distintos contextos y países nos permite estudiar los elementos comunes y aquellos que no lo son. Aquí se ponen sobre la mesa algunas reflexiones sobre islam y ciudadanía en tres sociedades del sur de Europa, España, Italia y Francia. La presentación de tres escenarios puede resituar los elementos de explicación y dilucidar qué está en juego. Empecemos, entonces, con la cuestión del islam.

En el caso de Francia, la relación Estado-iglesias continúa estando definida por la ley de 1905. Esta ley establecía el laicismo de Estado o la total separación de lo religioso del espacio político público. Un siglo más tarde, esta ley, nacida para defender los valores republicanos, es esgrimida para prohibir el uso del pañuelo en la escuela a las jóvenes musulmanas. La comisión Stasi, nombrada por el entonces presidente Jaques Chirac para encargarse de la cuestión, estableció que todo signo religioso ostentativo ofendía la sensibilidad de los ciudadanos franceses, además de considerar su uso como proselitismo y como ataque a los valores centrales de la laicidad de la República. El clima ascendente de tensión social, el auge de la extrema derecha y los atentados terroristas han hecho que en fechas recientes se haya presentado en el consejo de ministros un proyecto de ley para reforzar el respeto de los principios de la República. Este proyecto de ley está pensado como antídoto al “separatismo comunitario del islam radical” y encuentra su sustento directo en la mencionada ley. Si bien en el discurso de presentación de la propuesta el presidente Macron reconoció la existencia de numerosos problemas sociales (la concentración espacial de población desfavorecida de origen extranjero, la falta de mixidad  o composición mixta de género en todos los ámbitos de la vida social y laboral y la avería del ascensor social, así como el proceso de “guetización” de barrios), las soluciones presentadas han sido fundamentalmente medidas restrictivas, de control y de laicización del espacio público.

En definitiva, el discurso y la praxis política que considera la presencia islámica en el espacio público como elemento perturbador de los valores republicanos está marcando, como veremos, un modelo preestablecido de ciudadanía. Un modelo de “citoyenneté” a la francesa que puede acabar excluyendo a los ciudadanos y ciudadanas musulmanes practicantes del espacio público.

En Italia, Estado laico, las relaciones del Estado con las religiones están definidas por la Constitución. Por un lado, se reconocen los pactos Lateranensi (art.7) que articulan las relaciones del Estado con la Iglesia Católica y, por otro, el entendimiento o Intesa entre el Estado y las otras religiones no católicas (art. 8). Como sucediera en España, la dificultad reside en buscar un actor único con el que dialogar, y tras varios intentos fallidos, en 2005 se produce un cambio de estrategia estableciéndose un nuevo órgano, la “consulta per l’islam italiano” (nótese que no se indica “en Italia” o “de Italia”)” con el objetivo de establecer un diálogo con los diferentes representantes de la heterogénea comunidad islámica, así como con expertos de la sociedad civil. En 2017 se estableció un primer “Patto nazionale per un islam italiano”. En este pacto las comunidades islámicas rechazan toda violencia o acto terrorista y el Estado se compromete a respetar las necesidades religiosas de la comunidad musulmana. No es aún una Intesa, pero sí un primer paso hacia su consecución. 

Sin embargo, pese a ese proceso de reconocimiento importante, el islam sigue siendo identificado como “religión inmigrada” y su presencia sigue siendo instrumentalizada por los partidos de derechas. En particular, la Liga Norte ha utilizado su gobierno en varias alcaldías del norte del país para impedir la construcción de mezquitas, prohibir (polémicamente) el uso del burka, no facilitar la alimentación halal en los colegios, incorporar en el debate la lucha al terrorismo, etc.

En el caso de España, el marco institucional nace de la Constitución de 1978 y de la ley de libertad religiosa de 1980 que posibilitan el reconocimiento del notorio arraigo al islam en 1989 y la firma de un Acuerdo de cooperación del Estado español con la Comisión islámica de España en 1992. Este proceso tiene lugar en un contexto político de construcción democrática en el que se toma distancia de décadas de nacionalcatolicismo generando un marco plural de cooperación con todas las confesiones religiosas con arraigo histórico en el país. Este marco se inspira en el que existe para la religión católica, con el pacto como base legal, y con un modelo de organización de la comunidad en asociaciones. Como parte de ese proceso, se animó a la creación de una Comisión islámica que representara a los musulmanes y pactara con el Estado. El Estado asumía así la cooperación con las confesiones para velar por el ejercicio de la libertad religiosa y de la práctica religiosa individual y colectiva. Este marco sigue en construcción. Por un lado, continúa su desarrollo normativo -en muchos casos en un nivel de desarrollo local-; por otro, no termina de ser aplicado en ámbitos como la educación religiosa en la escuela pública, por falta de demanda, según algunos, y de voluntad política según otros. Como ya ha sido señalado en muchos trabajos, en este modelo de interlocución la participación de los musulmanes se reduce fundamentalmente a la búsqueda de una representatividad institucional de la que los jóvenes quedan excluidos. Esa ausencia se encuentra también en el debate público español, donde la presencia de los ciudadanos musulmanes sigue siendo aún percibida desde el prisma de la extranjería. Además, en algunos discursos políticos extremos, la propia historia de España es utilizada para plantear argumentos de mayor rechazo, empleando términos como Reconquista o cruzada.

En el contexto español, tras los atentados de Madrid de marzo de 2004, los jóvenes musulmanes comenzaron a organizarse en asociaciones e iniciativas independientes de los órganos de representación del islam. Querían ganar una voz propia con la que responder de modo colectivo a un clima de sospecha generalizada, pero no solo. Los jóvenes empiezan así un proceso de reflexión sobre la identidad, reconociéndose con sus actividades e iniciativas como ciudadanos y como musulmanes. Desde entonces han proliferado las asociaciones e iniciativas de jóvenes en todo el país.

En Italia, paradójicamente, han sido las posiciones de algunos partidos políticos de la extrema derecha las que han acabado proporcionando una inesperada visibilidad a varios miembros de la asociación “Giovani Musulmani d’Italia”. Frente a las visiones abiertamente racistas e islamófobas de estos partidos, los jóvenes musulmanes adoptaron la estrategia de control y denuncia, amparándose en su condición de ciudadanos. Eso hizo que algunos medios de comunicación comenzasen a invitarlos para que se enfrentaran a los políticos y sus tesis. Y esa súbita visibilidad permitió a la asociación estructurarse en todo el territorio y asumir una posición independiente con respecto a otras instituciones más tradicionales. En la actualidad, varios de sus líderes han conseguido entrar en la escena política italiana y, en general, la asociación consigue organizar actividades de ámbito nacional y encuentros institucionales encaminados a favorecer la evolución de un islam italiano.

En el caso de Francia, desde los años 80’ del siglo pasado han sido muchos los momentos de tensión social. Inicialmente se trató de grandes manifestaciones en denuncia del racismo y de la violencia policial. Hoy en día el asociacionismo de entonces sigue activo y reivindicando la mejora de las condiciones laborales, políticas y sociales, pero la acción asociativa y las reivindicaciones se desarrollan, sin embargo, en muchos más ámbitos, desde el reconocimiento del colonialismo argelino hasta los movimientos de protestas actuales como el reciente Black Lives Matter continuando con la denuncia por el abandono por parte de las autoridades de las cités y las banlieues del país. Desde la reivindicación ciudadana, los jóvenes franceses ponen en entredicho la evolución de los valores republicanos y denuncian la crisis del modelo de ciudadanía que no les atiende y que esgrime el laicismo para dudar de su pertenencia y profundizar en su exclusión.

La globalización y la conexión social y mediática permiten, además, observar las conexiones y las reacciones que se producen más allá de las fronteras políticas. Tras los atentados a la redacción de Charlie Hebdo en París, los jóvenes musulmanes españoles decidieron unirse a las manifestaciones de solidaridad ciudadana asumiendo el lema del “yo soy Charlie”. Pero lo hicieron como grupo aparte, alejándose de las instituciones religiosas más tradicionales, buscando una mayor visibilidad como jóvenes y como ciudadanos, declarándose también víctimas de un terrorismo que no consideran vinculado a su religión.

En Italia, por su parte, I Giovani Musulmani d’Italia, no solamente participaron en las diferentes manifestaciones como ciudadanos y como musulmanes, sino que se presentaron también en diferentes medios de comunicación para reivindicar su condición de italianos mostrando así su solidaridad con el pueblo francés.

En Francia, un grupo de intelectuales franceses y parte de la opinión pública denunció la ausencia de los musulmanes como comunidad en las manifestaciones de duelo nacional. Esta crítica indignó a algunos representantes del islam institucional francés y así lo mostraron en los medios y en las manifestaciones callejeras. Estas posiciones fueron especialmente contestadas por parte del asociacionismo juvenil islámico francés que alzó su voz contra un sistema que por un lado combatía el comunitarismo pero que ahora les pedía manifestarse como comunidad. De ahí nació el movimiento “Je ne suis pas Charlie” (“yo no soy Charlie”) que, reafirmando el rechazo absoluto a cualquier forma de terrorismo, denuncia la hipocresía de un sistema que sigue tratándoles como diferentes.

Como hemos visto, los espacios de acción política se multiplican y diversifican, haciéndose visibles diferentes ámbitos de presencia y negociación. ¿Dónde queda entonces el islam? ¿Son las reivindicaciones asociadas al islam el eje central de participación de estos jóvenes o son otras las motivaciones y contenido de sus reivindicaciones? Si algo puede afirmarse, es que las mezquitas y las asociaciones religiosas dejan de ser el espacio de acción -si alguna vez lo fueron- y son la ciudad, la política, el activismo o los medios y redes sociales las arenas de participación. Los jóvenes musulmanes europeos están presentes en las plazas ocupadas por ciudadanos indignados, en movimientos de solidaridad con países extranjeros, en las marchas antirracistas, en las manifestaciones después de atentados terroristas haciendo necesaria una reflexión, más amplia y compartida, sobre la emergencia de englobar nuestras diferencias en un concepto de ciudadanía que, solo de ese modo, pueda pretenderse realmente democrática y europea.   

La progresiva incorporación de los ciudadanos musulmanes a las sociedades europeas se enfrenta, sin duda, a los diferentes modelos de entender y concebir la presencia ciudadana en el espacio público, que, anclados en las diferentes historias y construcciones nacionales, acaban negando de múltiples modos la plena ciudadanía al ciudadano musulmán. Es en el espacio público en un sentido amplio donde los ciudadanos musulmanes están siendo cuestionados y es en este mismo espacio donde se pueden observar las respuestas y propuestas que los más jóvenes desarrollan.

Cómo citar este artículo

Planet, Ana I. y Madonia, Salvatore, "Reflexiones en torno a ciudadanía e islam en el sur de Europa", Cuestiones de Pluralismo, Vol. 1, nº1 (primer semestre de 2021), en línea: https://www.observatorioreligion.es/revista/articulo/reflexiones_en_torno_a_ciudadania_e_islam_en_el_sur_de_europa/index.html

Para profundizar

  • Geisser, Vincent; Marongiu-Perria, Omero y Smaïl, Kahina (2017). Musulmans de France: Le Grande Épreuve. Ivry-sur-Seine: Les Éditions de l’Atelier/Editions Ouvrières.
  • Frisina, Annalisa (2007). Giovani musulmani d’Italia. Roma: Carocci Editore.
  • Madonia, Salvatore (2018). Musulmanes, Jóvenes y Ciudadanos: Un estudio etnográfico en la Comunidad de Madrid. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC); Ediciones Politeya: Estudios de Políticas y Sociedad.
  • Mijares Molina, Laura y Lems, Johanna M. (2018). “Luchando contra la subalternidad: Las reivindicaciones de la población musulmana en Madrid”. Revista de Estudios Internacionales Mediterráneos, 24, 1-8.
  • Téllez Delgado, Virtudes y Planet Contreras, Ana I.  (2019). “Esa prensa que no nos representa”. En Mullol, Ada; Rojo, Pedro y Vidal, Lurdes (Coords.), Un cambio a nuestro alcance: islamofobia en los medios (pp. 9-28). Barcelona: IEMed y Fundación Al Fanar.

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